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Una buena poesía. En centímetros

martes, 11 de septiembre de 2012

La verbena II


Estupendo.” Necesitamos más de este brebaje”. Entonces la vi. Brillaba entre los sucios humanos que por allí transitábamos, como una virgen. Pura. Lunar. Se deslizaba como empujada por la brisa de agosto que acariciaba su vestido blanco y su pelo oscuro bailaba entre la noche y su magia. Él se acercó con su vaso recalentado y le habló. Era increíble, ella sonreía. Un nativo se cruzo entre mis ojos y el espectáculo que contemplaban. Medio segundo después ya no estaba. No fue un sueño (alguien me pisó el ojopollo para terminar de darme cuenta) ni una alucinación ya que él terminaba de un trago el líquido naranja mientras yo me acercaba a interrogar. Necesitaba saber. No fui el único, todos lo habíamos visto y lo rodeamos como los apóstoles hicieran con el mesías. Una mano le acercó un nuevo vaso mientras lo mirábamos con los ojos como platos, con los oídos como platos. “Qué te ha dicho”, cantó  un coro de estúpidas voces. Él miró melancólico el interior de su vaso y bebió de aquello sin hacer ni un guiño. “nada, que cómo estaba y eso”. “Y tú qué le has dicho” Rebuznaron los estúpidos. Parada dramática, nuevo trago y media sonrisa. “¿De verdad lo queréis saber? SIIIIIIIII, OH SIIIIIIII. “Pues le he dicho que estaba guapísima esta noche, ella se ha reído y (ojos como platos, oídos como platos)… y que o me daba 13 millones o le decía a todo el pueblo que se había acostado conmigo”. Glorioso.

Como si tuviéramos un resorte en el brazo, todos nosotros vaciamos nuestras bebidas de un trago, sabiendo que era el momento justo de largarnos de allí. A nuestra espalda se barruntaba el desastre. Salimos antes de que se formara la turba, y atrás quedó un murmullo creciente. Cuando ya estábamos casi a salvo, ocurrió. ¡Dios por qué ahora, se me ha desatado un zapato!  ¡Vamos! ¿Era de uno o dos nudos? ¡Vamos, vamos! La masa se oía cada vez más cerca. ¡Dejadme, seguid vosotros! No se abandona a un compañero, ¡date prisa copón!. Ya se veía la luz de las antorchas en la esquina de la calle. ¡Mierda no están los dos lados iguales!, hay que volver a empezar. ¡Date prisa joder! Justo en el instante en el que asomaban los primeros mozos entramos en el coche. Llovieron  insultos, vasos, tomahaws y escupitajos mientras nosotros borrábamos nuestras huellas gritando consignas de un poblado rival: “VIVA QUINTANAR”.

Así eufóricos, nos introdujimos en la noche que ya dejaba de serlo camino de nuestras moradas donde reposar nuestros grasientos hígados  a la espera de nuevas aventuras.

1 comentario:

  1. joder, tío, pareces el mismísimo Holderlin ese o Kleist. muy bien

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