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Una buena poesía. En centímetros

viernes, 17 de febrero de 2012

Los chicos están bien



Sección de manporreo, peloteo y baboseo.

Bien, está claro que esto empieza oliendo a empalagosa mermelada, pero ha de ser así, ya que sólo puedo hablar bien de la experiencia que viví el lunes pasado. Los que ya empezamos a tener una edad (o dejamos de tener otra), solemos opinar de la manera más estúpida y prepotente que nos es posible sobre los jóvenes. Nos encanta. Supongo que la memoria es una cosa tan maleable y antojadiza que no nos permite recordar cuando nosotros éramos unos enanos lampiños sintiendo miles de cosas a la vez, cócteles hormonales con ganas de probarlo todo. Aprovecho para decir que éste fue uno de los motivos por los que empecé a escribir, simplemente no quería olvidarme de quién había sido, de cómo había querido u odiado. Pues bien a vosotros, capullos adultos, os tengo que decir que todavía hay esperanza, ya que el lunes durante mi chapuzón de juventud pude comprobar que los chavales y chavalas del insti son muy majos.
Gracias a ellos y a mi amiga Ana y a mi amigo Chusma (no es muy buen cámara pero es lo que había) a Oscar (De verdad tío, tienes muchas cosas buenas, pero hacer fotos no es tu fuerte) recibí una recompensa enorme, bestial, gigante, orgásmica, feroz, inmerecida. Sólo por esto vale la pena el día que me senté a emborronar mi ordenador. Gracias.
Aquí os dejo el primero de una de serie de videos que iré subiendo poco a poco para no ser demasiado coñazo.

video

 

jueves, 9 de febrero de 2012

Cicatrices



Los sueños todavía no han cicatrizado por la mañana, sigo viendo arrecifes de coral y lágrimas en formación. La vida explota de luz y color y yo, con mi nube negra, aprieto el paso para esquivar las ráfagas de felicidad juvenil. No son tan distintos a mí, solamente no han conocido a demasiados cabrones o simplemente los han sabido gestionar. Y camino entre risas y juegos, como supongo que hice yo a su edad mientras arrastro mi hatillo de rencor. Entre balones perdidos y carreras infructuosas,  derrochan instantes puros como si no fueran nada. Espero que no los olviden, no saben cuánto los van a necesitar. ¿Será la ignorancia la dueña de la felicidad? Decido  salir de allí rápidamente,  convencido de no querer contagiarme de toda la fuerza  con la que disfrutan de la mañana, sabiendo que sus risas están contadas, sabiendo que su nube negra llegará.

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